La primavera murciana llega tempranamente tras las lluvias esperadas. El verde rebrota en los parterres y los pimpollos de las moreras anuncian la buena nueva, esa llegada del sol cálido y amable que otorgará vida y luz a nuestra tierra. Tras el agua el barro será dueño de caminos y campos, enfangado cultivos y dificultando el laboro, esa recogida del fruto húmedo angostado entre los ramajes abatidos por la tormenta. Pero el conocimiento del labrador, su buen oficio, permitirá recogerlo sin dañarlo o procurando infligir el menor perjuicio posible, todo lo necesario para que el consumidor pueda recibirlo en su mesa con todos los parabienes habidos y por haber.